Por Calamaro

Los elegidos por la gloria

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El insólito trabajo de la elite de la velocidad. La importancia de llamarse Lole

La Fórmula 1 es la competición más exigente y exquisita entre las carreras. No solamente se juegan 20 premios, un campeonato mundial y/o 20 podios; las batallas internas son complicadas y exigentes; solo compiten 20 conductores, precisos como los pilotos de aviones a chorro; compiten (también entre sí) dos volantes de una misma escudería, compite la mecánica de los constructores, la tecnología, las marcas, los neumáticos, la publicidad, los capitales y la política inversa.

Compiten las escuderías medianas para conseguir puntos y seguir existiendo, compiten escuderías que pueden desaparecer y dejar sin trabajo a decenas, tal vez cientos, de profesionales especiales.

Las grandes diferencias, entre los motores y los diseños, son apenas de segundos o décimas de segundo. 20 coches aerodinámicos, de plástico, a más de +300 kilómetros por hora, con poderosos motores que pueden reventar, y neumáticos que apenas si aguantan media carrera.

Los mejores coches superan a los motores menos potentes con facilidad.

Nada depende del todo y todo depende de muchas cosas.

Una falla, a +300 kilómetros por hora, es un accidente muy severo, escalofriante.

Y no depende de nadie o depende de todo. En la pista se decide la continuidad de un piloto, en la vida y en las carreras de Fórmula 1. En la línea media (ni podios ni victorias) las batallas son, incluso mas vertiginosas y comprometidas, que las de los primeros puestos adelante.

Hay millones de dólares en juego alrededor de 20 conductores; los pilotos -que- no tienen miedo de morir (el peligro se olvida), trabajan en una burbuja de conducción temeraria, limítrofe e insólita. Se involucran en cabildeos de millones de dólares; algunos no tiene respaldo mientras, los otros, llegan promovidos por grupos de inversionistas o capitales publicitarios. Tampoco es una cuestión puramente financiera: la sublimación de la especie frente a semejante desafío humano.

Hay millones de dólares en juego alrededor de 20 conductores; los pilotos -que- no tienen miedo de morir (el peligro se olvida), trabajan en una burbuja de conducción temeraria, limítrofe e insólita.

Uno de los volantes mas veteranos de la parrilla es, el asturiano, Fernando Alonso; el doble campeón mundial hace diez años. Compite con muchachos que le vieron coronarse con Renault y le tienen de ídolo.

Si hace falta, le van a tirar el coche encima. Clasifican los sábados exigiendo los motores al máximo para, que el tiempo, elija el orden de salida.

La mayoría aguanta la primera vuelta, son tantos coches juntos, y acelerando, que algunos se cruzan y quedan inservibles antes de empezar a correr.

Las llantas terminan como hamburguesas. Las fortunas eligen a los elegidos para los podios, muy de vez en cuando, una escudería accede al status de los ganadores.

La diferencia son segundos que deciden las victorias. Cientos de miles de personas en persona, y millones por televisión, siguen las carreras; alientan a sus pilotos locales, y algunos hinchan por las Ferraris o por otra escudería, como ocurre en el TC con Ford y Chevrolet.

El podio no es anecdótico, pero es accesible a unos pocos motores en la alta competencia de las ingenierías.Los mejores bólidos superan a las inversiones -menos potentes- con facilidad.

El Chueco y Lole

La Argentina, recuerda dos grandes pilotos, en dos épocas históricas de la competencia; el incontestable Chueco F (hasta cinco veces campeón del mundo) y Carlos R, un gran piloto que compitió entre los mas grandes volantes de los años setenta, frente a frente con nombres que son leyenda, como su nombre. Carlos R sabe lo que es subirse al podio (45 veces) y ganar carreras (12 veces).

Sumó puntos (primeros puestos) en 144 carreras, ganó en el tradicional circuito de Mónaco en 1.980, quedó a un punto del campeonato; por cinco veces compitió -punto a punto- por la corona mundial.  

Corrió con Mc Laren, Brabham, Ferrari, Lotus y Williams, entre 1971 y 1982. Tiene más historias que contar que William Shakespeare. Espero tener la oportunidad de conversar con esta leyenda del deporte cultural.

Tiene más historias que contar que William Shakespeare.

Llegar a la F1 se presenta, a priori, muy complicado; formar parte de los 20 mejores volantes del mundo, siempre competitivo para el Champagne … Permanecer diez años en semejante categoría es un privilegio reservado a las leyendas.

Los elegidos de la gloria.