Por Nebbia

Cena antes de la gloria

Cronicas

El encuentro de un músico de todos los tiempos y un joven que iba por la hazaña.

Durante el inicio de los 80 fui a tocar a Mar del Plata contratado por un personaje entrañable llamado Alberto Botazzi. Mago de la noche. Amigo de los humildes. Operador de gente posta. La cosa es que todos los shows fracasaron, por falta de promoción, incordios de organización y otros. Su fracaso no sólo era que no podía cubrir mi cachet, sino que además no podía retirarme del hotel donde me hospedaba. Esto era normal, ya que Alberto no había cubierto los gastos. Con toda mi paciencia asistí a encontrarme en un café con él, para que me contara sus desventuras. No sé qué sucedió, pero muchos de sus líos me conmovieron, hicieron de alguna manera que lo “bancara”. Esta historia cierra con que me termino haciendo gran amigo de Alberto Botazzi, y él por una casi “obligación” de lealtad, me contrataba todos los 20 de julio, Día del Amigo, para tocar en Mar del Plata. Mágica afectividad. Ya era casi un ritual esto que cada Día del Amigo yo aparecía por ahí a tocar. Cada vez, Alberto trataba de hacerme conocer amigos entrañables de la Ciudad Feliz. Una de estas veces organizó una cena con Uby Sacco y su padre, quien era de alguna manera su consejero y entrenador por ese entonces. Quería que yo lo conociera, hablándome de su humildad y afecto. Debo decir que Uby para mí, dentro de mi afición y conocimiento deportivo, totalmente emocional, era como estar delante del gran Cassius Clay. Adoraba a Clay por su postura humanitaria y política. Pero además al llegar a mi exilio mexicano, inmediatamente me compré en una zona de “falluqueo” (contrabando), uno de los primeros pequeñitos televisores portátiles. Con ese aparatito sobre mis piernas fue que vi la memorable pelea de nuestro legendario Ringo Bonavena con Clay. Llegó la noche de la cena y estábamos los cuatro sentados pidiendo lo mejor de la marisquería que por allí se encuentra. Todos tomábamos alcohol, exceptuando Uby, que sólo pidió agua. Su padre Ubaldo mantenía ampliamente el ritmo de la conversación, describiendo de qué manera lo estaba “educando” para el éxito boxístico. Pocas veces Uby intervenía con acotaciones “maduras” como “a mí no me va a pasar lo que a casi todos los boxeadores…”, frases seguramente influenciadas por su progenitor. Charlamos los chusmeríos típicos de la profesión, casi del espectáculo diría yo. Que había estado en Francia, conocido a Carlos Monzón, compartido con Alain Delon y así…. Nos reímos bastante y celebramos ser tipos predestinados y bien reconocidos por nuestras profesiones. Uby era de un carácter afable, casi reservado, y con una humildad y simpleza muy grande. Al poco tiempo, concretamente el 21 de julio de 1985, obtuvo en Italia el título mundial en la categoría Welter Jr. enfrentando a Gene Hatcher y logrando knockout técnico en el noveno asalto. Después de esto su carrera empezó a deteriorarse. Cayó en tremendos excesos con drogas y alcohol. Cada vez que leía por los diarios, algún problema personal que le ocurría, no podía creerlo. Me daba pena y también mucha bronca encontrar notas que solo estaban motivadas por el escándalo que provocaban. Lógicamente nada relacionado con el deporte. Sucedió de alguna maneraeso que tan bien describen tantos films como “La caída de un ídolo”, de Mark Robson, con el inolvidable Humphrey Bogart por un lado, o “Un rostro en la multitud”, de Elia Kazan. Todos dedicados al Mundo del Deporte, especialmente el boxístico. Históricamente ha sido inexorable este trágico cuadro en que han terminado muchos campeones. Uby se fue el 28 de mayo de 1997, a punto de cumplir sus 41 años. A tu recuerdo Campeón.