Foto: Elena Cambria
Por Nahir Galarza - Foto: Elena Cambria

No le gusta

Cronicas

La mirada, el silencio y estas palabras que traspasan una soledad congelante.

No le gusta hablar sola,  así que no habla.    

Siente escalofríos al pensar que pudo haber perdido su voz y en segundos cruzan por su mente mil situaciones diferentes de cómo va a seguir su vida a partir de ahora que está muda.

La invade el terror y siente pánico porque tiene tanto por decir que se asfixia con todas esas palabras atragantadas que no ha podido soltar y que necesita escupir, si es posible todas a la vez.

 No puede.

Sabe que la está mirando y que no la va a dejar hacerlo.  

Ya está escuchando los gritos, sintiendo el dolor en el pecho.  

Se mira los brazos, relaja la espalda, estira las piernas y se acaricia despacio, suave, aunque no duelen porque no es nada y fue sin querer, vos tenes la culpa de que yo me ponga así.  

Las palabras surgen de nuevo todas juntas en su mente y se vuelve a replantear si de verdad se quedó sin voz.  

Quiere callarse la cabeza porque se está enloqueciendo;  se muere de ganas de intentarlo,  decir una mínima palabra y terminar con el nerviosismo y la ansiedad que la carcomen por dentro.  

No puede.

La están mirando.

Pensándolo bien es imposible que pierda la voz por no usarla y, además,  ya está acostumbrada.        

Pero no le gusta hablar sola,  así que no habla.         

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