Foto: Esteban Perroud
Por Morena Fernández Quinteros - Foto: Esteban Perroud

En cualquier momento podría morir

Cronicas

Pasajera en trance, entre presentimientos y miedo a una muerte insignificante.

Su temor más grande eran sus presentimientos. Por eso, cada vez que manejaba por la autopista y un posible accidente se le venía a la mente, hacía un esfuerzo por discernir si era un presentimiento o su imaginación.

Estaba convencida, o al menos su madre la había convencido, de que debía prestar atención a su intuición, que según ella era una sensibilidad heredada que servía para evitar desgracias.

Las últimas semanas la había invadido la sensación de que quizás moriría pronto.

No lograba pensar a futuro y eso la preocupaba. Estaba ansiosa. Debía tomarse un avión por un viaje fugaz. Hacía un año que no veía a su hermano, y finalmente había logrado coordinar su rutina diaria con una escapada a verlo.

A pesar de que el presentimiento no era bueno, tomó el vuelo despreocupada. Se jactaba de no tener miedo a las turbulencias, pero cuando el avión inició el descenso para aterrizar, atravesando la Cordillera de los Andes, sus presentimientos le jugaron una mala pasada.

El avión empezó a moverse de manera violenta, y ella a tener náuseas. En ese momento pensó que quizá la sensación extraña respecto a este viaje era porque su muerte estaba cerca. Qué triste morirse sin despedidas, pensó. Qué muerte más absurda sería morir en un avión.

Y es que su mayor miedo era el de una muerte insignificante. Luchaba contra las náuseas y sus manos sudaban como nunca antes. Respiraba hondo disimuladamente porque temía que los demás pasajeros notaran su pánico.

Las últimas semanas la había invadido la sensación de que quizás moriría pronto.

 

 

Internamente pedía por favor que el vuelo terminara y aterrizar, pero cuando el avión comenzó a elevarse otra vez supo que la pesadilla no iba a terminar tan rápido.

Y entonces pensó:

En cualquier momento podría morir.

Pero hoy no.

Hoy no me toca.

Foto: Esteban Perroud