Por Mía Flores Pirán

El próximo sos vos

Cronicas

Un cuento que nos lleva a lo imposible en el mundo cotidiano.

Dejé el auto para que lo lavaran, me dieron un papelito y me fui a buscar un café. Era una zona asquerosa, llena de esos bares de mala muerte que te dan esos cafés que tienen gusto a quemado y esas medialunas duras, la luz es sórdida y deprimente. 

La primera cuadra, nada. La segunda, tampoco. El estómago me estaba crujiendo y yo quería sentarme en algún lado y pedir algo de comer. Seguí caminando, tercera cuadra, cuarta, quinta, doblé. Doblé porque vi esas sillas de madera y género típicas de todos los bares que después apilan todas juntas. Y cuando llegué era una cervecería. Pero yo no quiero tomar cerveza. Quiero un sándwich, un guiso, una pizza, una ensalada o un choripan. que se yo, quiero algo, no una cerveza. Esto me está fastidiando. Volví a doblar. Me fui por la otra cuadra a recorrer la paralela a ver si tenía suerte. Fue peor. Nada.

Volví al lavaautos.

No tenía sentido seguir perdiendo el tiempo. 

Al llegar vi que los autos se estaban lavando solos. El Renault primero de la fila tenía unos brazos de metal que le salían de abajo del chasis y se estaba fregando a sí mismo, se estaba lavando solo. Me empezó a mirar desafiante. Los ojos se le pusieron provocativos, como diciendo ¿y vos, que mirás? El de al lado también. Era un Ford KA azul clarito. Auto que siempre en la calle me parecía feo. Era hembra. Tenía unas manos más finitas, una pulsera y anillos de chapa, ojos negros delineados. Estaba llegando ya a la etapa maquillaje. Se ve que se había bañado, secado, cambiado. Y ahora se estaba terminando de pintar. Bah… no sé.

Me pregunté si los autos estaban desnudos o vestidos. Entonces la miré a la Ford KA, insinuante, y le dije.

-Perdoná, ¿estás desnuda? 

-Mi amor, me contesto, la que está desnuda, sos vos. Miré hacia abajo y no tenía ropa. Sentí un espantoso vértigo. Un miedo como el de las pesadillas. Nunca me había sentido expuesta así, tan dramáticamente. Tan textual y tangiblemente. Mire a mis costados, a ver quien me estaba mirando pero no había gente en la cuadra. Parecía el mundo una isla deshabitada donde alguna vez hubo una enorme plaga de personas que dejaron una huella extensa, una ciudad entera, estructuras, empresas, servicios, autos, trenes, motos. 

Seguí mirando los edificios y el único PH que había en la cuadra y nada me daba la suficiente confirmación de que no había efectivamente nadie, pero tampoco veía a nadie.

-¿Por qué estoy desnuda? -le pregunté al auto.

Y él se encendió. 

-Ella -me corrigió-. Soy una dama. 

-¿Te vas? -le pregunté con miedo-. Por favor no te vayas. Sos la única persona que conozco. ¿Podés fijarte en el baúl de tu auto si no tenés algún trapo, algo? Estoy desnuda. Estoy empezando a tener frío.

El Ford KA azul se empezó a mover hacia la derecha y dejó al descubierto una camioneta Porsche. Por la marca que tenía en el vidrio trasero enseguida me di cuenta. era la de Claudio. ¿Qué mierda estaba haciendo la camioneta de Claudio ahí? Escuché cómo se estaba riendo a carcajadas el Ford KA al ver que yo ya me había dado cuenta de que estaba ahí la camioneta del hijo de puta de Claudio. 

-Sos vos. 

-¿Qué? 

-Ahora o nunca- me dijo y salió andando por la salida del lavadero. 

Quedé frente a frente con la camioneta de Claudio. Me metí y prendí el calentador de asiento. Prendí la camioneta y me fui siguiendo el mismo cartel de salida por donde había desaparecido El Ford KA, mi única amiga.  Al salir del lavadero en la camioneta casi choco a una señora que venía mirando el teléfono con los auriculares puestos y me asuste. Pero pasó por enfrente mío y siguió. Y yo doble a la derecha y cuando ya me estaba alejando caí en la cuenta. Me dije, eso era una señora. Era una persona. Y mire la esquina y había dos chabones conversando. 

Volvió el mundo a la realidad. Pero miré donde estaba sentada y este no era mi auto. Seguramente tendría que ser la camionera de Claudio.  Bah… me parecía que no estaba loca de pensar que hacía medio segundo un Ford ka me había sugerido que me la chorree. Me miré y seguía en pelotas, confirmado. Pero de nuevo , había gente en la esquina. 

¿Qué hago? ¿en cuál de las realidades estoy? Por un par de cuadras no entendía nada. Se me ocurrió que tal vez en la radio haya alguna noticia que me oriente. Prendí la radio del auto y había un tipo diciendo 

“Sujeto suelto por el barrio de Borges en una camioneta mate color negra. Las fotos de las cámaras de seguridad sugieren que estaría desnudo, atentos vecinos del barrio, va llevándose gente puesta, choca autos, choca restaurantes, todos los vecinos denuncian lo mismo. Va barriendo todo lo que tiene delante sin advertir, sin detenerse, parece auto blindado”. 

"¡Ay estoy teniendo un deja vu!", me dije, hace cuánto no me pasa. Y de repente choque tan fuerte de frente contra un edificio que me morí.  Me desperté en mi velorio y Claudio me estaba mirando y lloraba y le decía a mi hermana. 

-¿Qué insólito, no? ¿Quién se hubiese imaginado semejante cosa?

-Insólito -le decía mi hermana-. Pensá que estuve hablando con ella esta mañana. No me mencionó nada.

-¿Qué habrá querido demostrar? Estoy te digo…ni puedo habl...- y lloraba.  ¡Claudio lloraba por mí! La persona más miserable que había conocido en mi vida, la que más me había humillado y se había aprovechado de mi condición de empleaducha!  

Quien me había forreado de arriba a abajo ¡lloraba por mi!. Ahí entendí. Entendí que era mi oportunidad de volverlo loco por completo. Me pregunté cómo haría para quedarme un segundo a solas con él sin que nadie más nos viera. Quería decirle cosas, que sufra el peor pánico de su vida, que se vuelva loco. Yo no merecía sus lágrimas en mi velorio, menos su interpretación de los hechos. Es más, lo conozco tanto, estoy segura de que aprovechó la ocasión para llorar un poco. La gente como Claudio no se permite llorar. Tampoco se permite ir a entierros solo a llorar una vez por mes. Son oportunistas, asquerosos, ven una ranura y se meten.

Así había logrado este sorete hablar con mi hermana, fingir que estaba muy apenado, darle su pésame. Pero este es mi velorio, si no lo ubicaba en esta, ¿cuándo?.

Ahí supe que tendría que dirigirle unas palabras desde el cajón al cura antes de que lo cierre. El iba a interpretarlo como un mensaje de dios. Dios a través mío.

Miré a ver si lo veía y escuche el grito de uno de los sepelistas.

-¡Abrió los ojos! ¡Te lo juro, boludo! ¡Ay, la puta madre!- salió corriendo y gritando.

-Pero si ya los tenía abiertos, tiene ojos celestes, igual que su mamá, debe ser esa que está ahí.- le contestó su compañero de trabajo. 

-¿Qué pasó?- dijo el padre Sosa. Vi su apellido bordado en el costado izquierdo de la sotana. 

-Es Miguel, el chico nuevo, me parece que no es para este laburo padre, se asusta. Ya es la segunda que flashea, ¿vio? el otro día también, se acuerda el que trajeron de un accidente automovilístico, el día de lluvia, dice que vio que el cadáver trataba de hablar. Pobrecito, yo que usted, le diría que lo vaya despachando.

- No se preocupe, gracias. Déjemelo a mí.  El empleado se fue y le dije al cura. No dejarás a Miguel desempleado. No cometerás el mal. Tu eres mi representante. Soy Dios y vengo a decirte que tengo un mensaje para Claudio. El padre Sosa me miró fijo y vi que se empezaba a poner pálido, que le estaba bajando la presión.

-¡Claudio! -exclamó y se desmayó.  

Asustados, los invitados a mi entierro después del grito de Miguel y el desmayo del cura, haciéndose los boludos, la mayoría se rajó silbando bajito. 

Otros pocos trataban de cargarse al cura desmayado y llevarlo a la enfermería.

Claudio se ve que llegó a escuchar, y se acercó. Quedaba algún que otro boludo dando vueltas en la sala, pero tan desconcertado con la situación, que me dije, no se va a dar cuenta de que volví y le estoy hablando a Claudio. 

Cuando se acercó Claudio, llorando, muy bien victimizado, y me tocó la mano para dejarme un ramo de flores, yo se la agarré y abrí los ojos.

Le dije, Claudito sorete, el próximo sos vos. 

Le solté la mano, me levanté como pude con el único brazo que me había dejado el accidente, cerré el cajón y me quede pensando cuando se me apagaria del todo la tele, ya estaba hecha.