Por Rita Piris

El viaje onírico de escuchar a Melingo

Cronicas

Una experiencia sensorial

Escuchar Oasis, el último disco de Melingo, es sumergirse en un océano de teatralidad, paisajes, imágenes sonoras e interpretaciones cinéfilas en un ámbito de particularidades musicales que estallan súbitamente en su obra. Su presencia en el escenario es la de un artista sin márgenes, que despliega su decir cantado, sentido y -sobre todo- interpretado con cada parte de su cuerpo, gesticulaciones y movimentos.

Y que hasta en los breves espacios de silencio se oye su canto aunque no cante.

Es someterse a un trance auditivo guiado por sonidos lejanos y a su vez conocidos.

Un artista que por momentos se convierte en paisajista, contador de cuentos y de sentimientos.

Como cerrar los ojos y sentir que todos los instrumentos dialogan entre ellos.

Melingo es la manifestación de una reapropiación de las culturas reunidas para ser liberadas.

Como una entidad convergente de las artes caminantes a través del tiempo.

Dicen que está todo inventado, pero escuchar a Daniel es ser testigos de creaciones que aun no han sido reveladas.

Un viaje musical, planetario de descubrimientos y relatos de un explorador del sonido.

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