Por Casas

Florece sin testigos

Cronicas

Ya no nos despertamos con la bota texana del vaquero apoyada sobre nuestro pecho.

Para Fer, hermano de color  

En una tarde podés envejecer o enamorarte y esto no puede ser captado ni por las cámaras más sofisticadas del Servicio de Inteligencia Israelí.  

El poema tiene cuatro direcciones: el río también… Que tu deseo sea lo que desea el poema.

Parada en la puerta de su casa gris hecha pedazos una anciana fuma en esta primavera negra con la humedad al mango: su polera naranja estalla contra la claridad de la calle. Hay algo en su manera de arrojar el humo que nos dice que es impecable.  

Los cigarrillos largos y sus manos chicas…  

En las fachadas continuas del complejo de departamentos donde vive el niño Germán, las horas pasan turbias mientras la madre se pinta las uñas de los pies de celeste plebeyo y espera al novio africano.  

Cada tres balcones, redes para que la prole no se caiga. Bicicletas paradas, fuentes con ropa, ladrillos sobre placares de plástico, que el viento no los bambolee!

La felicidad de ser una persona común. El anonimato del corazón. La ordalía de las largas horas esperando la llegada del dolor. Acá está. Unos cazadores furtivos desarmaron la torre de marfil y vendieron sus láminas en la calle Libertad. El ultimo día del año salvaje. Que tu deseo sea lo que desea el poema y no al revés. Vivimos pensando que somos el centro del mundo. Pero somos un barrio periférico que no le importa a nadie.  

¡Mejor!  

Hasta acá no llega la ayuda social del gobierno y la palabra de Dios pierde señal…    

De vez en cuando alguien hace una torta, alguien arma una bomba: debajo del toldo del café nocturno la voz de la chica sube como una araña hasta donde tratás de dormir abrazado al clonazepam: “mirá que a mí me gusta Queen, eh!”.    

La poesía irrumpe en la prosa cotidiana, la repetición de nuestras costumbres es una forma de matemática abstracta hecha de sonido y de furia.  

Chica lista.

En un momento pensaste que irte iba a ser un juego de niños y ahora el niño juega en el consultorio con juguetes desperdigados al azar por la psicóloga que concluye, amarrada al padre, que es muy territorial y que no acepta que le pongan reglas lo cual lo vuelve inestable: como deber ser el poema.  

Los ruidos de las charlas intrascendentes suben hacia el cielo, los árboles hacen tai chi con la suave brisa que exhala el clima: llueve.   Un amigo compró una casa y esa casa fue la garantía de que podíamos vivir separados.  

El viajero vino de tierras extrañas y me habló de dos piernas inmensas que vio en el desierto, eran de piedra y no tenían tronco. ¿Qué fue lo que vio? A sus pies encontró esta extraña inscripción: “los que cortaron las manos del Líder tardaron poco con la izquierda, que salió con una tanza, a la derecha hubo que serrucharla tenía algo agarrado ahí, tal vez los sueños de la clase trabajadora”.  

De todos modos, los nómades de las zonas desplazadas saben que el deseo no tiene suplentes.  

En la imaginación popular las artes marciales cumplen una función compensativa, como los sueños. Los ninjas, guerreros invisibles, capaces de desvanecerse a plena luz del día y entrar en tu casa cuando no estás, sin que a la vuelta lo notes, salvo por dos o tres pequeñas cosas que dejaron fuera de lugar, como para que sientas algo corrido en la película crónica que nos hacemos todos los días. Esto puede volverte loca.  

Los ninjas eran maestros del disfraz y de provocar guerras sin que se note que habían sido ellos los que las detonaron. ¿Te suena?

En la vida cotidiana estos guerreros sombra ocupan el lugar de los falsas amigas que te traen noticias malas con el corazón en la boca.  Los guerreros sombra son los que te dicen que tu ex marido sale con una actriz joven y hermosa y que la mamá de tus hijos es muy feliz de haberse sacado tu presencia como se saca un pullover una mañana de sol que prometía ser fresca pero ahora se volvió calurosa, un pullover que pica en los brazos porque te pusiste una remera de manga corta con olor al lave rap.

El guerrero sombra es invisible pero la desolación que causa es muy real. De todas formas no existe nadie lo suficientemente grande como para no ser derrotado adentro o afuera del ring.  

El joven alto y espigado camina por Palermo con la remera de Muhammad Ali!  

Vamos Sensei, ahora que el cielo pasa por encima de nosotros con la velocidad de los días, y ya no nos despertamos con la bota texana del vaquero apoyada sobre nuestro pecho (pero miren el movimiento elástico del cable enrrollado, buscando una nueva forma en el cajón, como un cuerpo de una insecto minúsculo que aún se mueve con la cabeza cortada). Vamos, Sensei, quiero que venga a mi programa de radio para contarle a la audiencia –un viejo perro, Flebas el fenicio de la recoba de Once, la chica que no puede dormir y llama para pedir temas countries- que el robo al banco que usted soñó, era en verdad un manifiesto cannábico que no se entendió bien.

Las cajas vacías, el poema escrito en lugar donde debería estar el dinero, y los rehenes confundidos por tanta precisión milimétrica. La noche anterior relevó cada una de las cosas que iba a llevar el día del evento. Las enumeró bajo el cono de luz de una pequeña lámpara, y las fue poniendo en su chaleco de pescador. Con guantes, para que si alguna se caía, con el trajinar del asalto al cielo, no dejara señas de identidad.  

Seisa! Mokuso!  

Otagani: saluden al maestro que debe emanciparse adentro nuestro caminen sobre papel de arroz para que nadie los pueda escuchar y busquen la cadena de respiración que los lleve hasta ser el primer pequeño que tuviste, olvidando cualquier pretensión de originalidad, pasando por debajo de los arcos de tu cuerpo, madre!  

Así, muerta inmortal, así.

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