Por Calamaro

Río místico

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A 13 años del robo del siglo, una obra de arte del delito.

¿Quiénes van a hacer la revolución social, sino los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? ¿O te crees que la revolución la van a hacer los cagatintas y los tenderos?
Roberto Arlt, Los siete locos.
 
Hablar de la banda que asaltó el Banco Río es como hablar de los Beatles.
Mística y audacia.
Ya lo sabía entonces -hace 13 años- y lo sé ahora. 
Me consta.
No tengo especial fascinación por los delincuentes entre otros oficios nobles, me permito fascinarme por artistas del cine, la música, el boxeo y la tauromaquia, me fascina la belleza de las mujeres.
Soy un seductor heterodoxo, voy ofreciendo gratitud, amistad y respeto.
No perdí la capacidad de admirar nunca.
Sentarme en la mesa de los bandidos me ha cambiado la vida, es verdad.
Como me escribió Enrique Symns: “No importa que agitáramos en distintos mundos porque la búsqueda de intensidad era la misma”.
Estamos del mismo lado, siempre lo estuvimos en las propias trincheras de la circunstancia. Nuestra historia delincuencial abunda en bandidos elegantes, tenaces, salvajes y honestos.
Gente buena hay en todas partes. Como el Robin Hood de los bosques. Fernando Araujo (cuya foto adentro del banco y enmascarado ilustra esta portada), Beto de la Torre, El Bocho de la Zurda, Zallo,  Marito Vitette Sellanes (al final de la nota aparece su foto encapuchado y con billetes) y El ingeniero. 
Quedarán en la historia por mas de una fechoría, pero, es muy probable, que El Robo del Siglo ya sea una leyenda que trasciende el tiempo.
El gran golpe del siglo fue considerado uno de los cinco asaltos más importantes del mundo. De los más inteligentes, los más logrados y mejor concebidos de la historia de la delincuencia a gran escala. 
Como me escribió Enrique Symns: “No importa que agitáramos en distintos mundos porque la búsqueda de intensidad era la misma”.
El asalto a la sucursal de Acassuso ocurrió el 13 de enero de 2006.
Es la fecha patria del hampa, debería ser feriado para todos los bandidos.
Se trató de un asalto lleno de detalles que lo hacen único; sin armas ni lastimados, el robo ideológico.
El plan perfecto. 
 
Generación rockera
El gran golpe presenta un inusual perfil cannábico, tiene su origen en el pensamiento creativo de una generación que fuma porros con cotidiana naturalidad, un asalto de generación rockera, especialistas veteranos que recuentan la historia con sus propias palabras. 
Se cree que en la Argentina hay 700 mil  cajas de seguridad que contienen 40 mil millones de dólares.
Y que en un cofre caben 300 mil dólares. Hasta el robo del banco Río, ése era el refugio más confiable del dinero, más confiable que el colchón.
Sobre todo después de la crisis de 2001.
Pero el golpe de estos bandidos desmotró que nada es confiable: nada es seguro.
La Justicia cree que robaron 19 millones de dólares y 80 kilos de joyas y alhajas.
Esta es una historia que es historia también; marginal, perfectamente real y cultural autóctona, cosmopolita e iconoclasta.
Literatura, crimen, tango, cine, asaltantes, rock y el territorio prohibido.
Los rebeldes.
A su manera, heroicos antihéroes del verdadero “western" nacional”.
Son los siete samurais del gran asalto al Banco Río que además de robar crearon esta fecha histórica (¿fechoría histórica?), un asalto de esta envergadura visto por televisión por millones de ciudadanos es un momento inequívocamente cultural y social, además de específico hito entre los asaltos habidos y por haber. 
Un soplo de lirismo amoral en un tiempo donde descreemos de cualquier mecanismo estatal, político o ideológico. 
Además de ser un robo único en el mundo: mezclar una toma de rehenes con armas de juguete mientras en el subsuelo vaciaban las cajas de seguridad.
 
Tertulias delincuenciales
Con el tiempo conocí a los protagonistas, supe cómo fue el casting de la banda, la previa y la producción de un asalto hecho en dos mundos paralelos (asalto con toma de rehenes arriba, boqueteada abajo) que quedará en la memoria de muchos.
Quizá nada sea igual después de este atraco, ni para el ideólogo ni para sus compañeros ni para los vecinos de Acassuso (un barrio pudiente a orillas del Río de la Plata) ni para aquellos que guardaban joyas o billetes en las cajas de seguridad, ni para los empleados bancarios o los clientes a quienes les tocó ser testigos de este hecho extraordinario, especial en su origen, en su ideario e ideología, en su planteo de asalto sin armas ni violencia; el robo imposible de los ladrones invisibles, que se dieron el gusto de largarse de allí, según lo planeado, con tiempo para ver por televisión el asedio de cientos de policías en torno al banco.
Un soplo de lirismo amoral en un tiempo donde descreemos de cualquier mecanismo estatal, político o ideológico.
Después de fugarse como los piratas de una epopeya griega.
Un golpe que probablemente hubiese podido imaginar la mente inspirada de Tarantino, que aprendió a escribir diálogos y escenas bandidas cuando en su juventud compartió celda con un grupo de hampones que le enseñaron su mundo.
Este golpe tuvo personajes heróicos: el hombre del traje gris que antes era hombre araña en la cornisa, un superhéroe de los bajos fondos que compone canciones y tiene club de fans; Beto con peluca y delantal como un cómico sin tiempo; el líder y sus absortos creativos; el hombre invisible y el paisano.
Elenco maldito de un golpe que ya se instala como el gran guion del cine argentino prometido.
La obra de arte de los robos a bancos.
Muchas cosas hacen de este episodio algo especial, de ribetes únicos en la historia, y acaso irrepetible; el ideólogo no es un ladrón de pedigree, es un maestro de artes marciales cultivando cannabis y pintando cuadros.
Asimismo va a necesitar el desempeño de ladrones confiables, de temperamento y encarnadura moral, hombres duros y hábiles, inteligentes. Así se forma la banda. 
Se trató del robo más singular y logrado de la historia criminal argentina, de guante blanco y con el detalle de la poesía y la botella de champaña. Bienvenidos al gran golpe, universalmente aceptado como uno de los mejores e inigualables.
Un robo que respetó el legado de Ronald Biggs, el ladrón británico de trenes que inspiró una canción de Sex Pistols, cuyo principio filosófico del crimen era ensayar cada movimiento como se ensaya una obra de teatro o un repertorio musical. 
Conozco al “hombre invisible”, uno de los históricos miembros de la banda, desde hace quince años. Y antes de conocerle ya le habíamos escrito una canción, mano a mano con Jorge Larrosa. 
El Bocho de la Zurda. 
Los ladrones también piensan.
Su nombre fue un pasaporte para ganarme la confianza de grupos cerrados y recelosos de rufianes que son mis grandes amigos.  
Vino a mi casa del barrio de la Recoleta y juntos escuchamos su canción, también cargamos en brazos a Dylan, con la premura de quienes saben que sostienen a un frágil niño de apenas un mes de vida… 
Nunca le pregunté nada porque entendí que había que comportarse como un amigo, mostrar y generar confianza, respetar el silencio de los pistoleros y prestarse a escuchar sólo lo que quieran contarnos. 
Quizás equivocadamente. 
Quizás esperaba de mí más preguntas para regodearse en anécdotas y episodios dignos de ser contados y escuchados. 
Pero me comporté como uno más, ofreciendo mi discreta pero sincera humanidad. 
Nos vimos en algún cumpleaños del “Gallegordo”, y en alguno de mis recitales en el Luna Park. No me costó adivinar que “el hombre invisible” podía estar detrás del golpe maestro de Acassuso, en mi imaginación era el estratega, en la narración de Rodolfo Palacios (en su libro Sin armas ni rencores), “el tercer hombre”…The Third Man. El tercero en orden de aparición y el segundo en sumarse a la banda del líder. 
Estos últimos años fueron de tensa tranquilidad, me llegaba información confiable pero ocurre que el hombre invisible tiene (razones sobran) el don de la invisibilidad, no lo vemos ni lo vi hasta hace poco tiempo.
Nos fundimos en un fraternal abrazo y dimos cuenta de una buena charla, las achuras y la carne asada. 
De un tiempo a esta parte, mis amigos son atracadores de bancos, gánsgters, piratas y toreros.
Con este libro en marcha terminé de saberlo todo, o todo lo que nos quieren contar sus protagonistas, que es mucho. 
La increíble historia del líder, o maestro, como lo llaman algunos de sus camaradas, nos lleva de la mano para contar su robo. Vive como ese principio de las artes marciales que practica: los obstáculos pueden convertirse en puentes.
Lo conocí a través de unos amigos en común. En una parrilla de Villa Crespo. A pesar de ser quien es, y de la capacidad de "desempeño" formidable que tiene (vivir en la montaña, entrenarse con artes marciales, asaltar bancos, pintar cuadros y tirarse en paracaídas), siento algo familiar en el cannábico genio de los bancos que antes de fugar dejó este mensaje en la bóveda:
"En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores".
Una vez, tras un encuentro en el que hablamos de la existencia, le escribí estas palabras:
La patria es el chorro.
 
El Renacentista
 
Como tiene que ser el cuadro que 
convenció a los mas bravos ladrones
de embarcarse en el robo del siglo
en la aventura del túnel de quince metros
 en un àngulo de 69 grados
"el tùnel del amor"
el hombre besando al destino,
el renancentista
que vuela en paracaídas 
y aterriza con su arte marcial 
y su ADN suicida
para fundar una familia sin cadenas
ni esposas...
paradojas de la vida del renacentista,
que tiene todo calculado
incluso un cuadro
tridimensional
Convencer a los mas bravos ladrones que
esto
aquello
era en serio
y posible
imposible
¡Arriba las manos!