Por Calamaro

La caída de Manu

Cronicas

Un sueño que podría guionarse como una serie de cuatro episodios.

Me desperté soñando y sudando con la cama empapada.

Me desperté varias veces y soñé varias veces.

Llegué a gritar angustiado en sueños.

Estaba soñando que Manu Ginóbili se tiraba por el balcón de la casa de mis viejos, en Avenida Las Heras.

Como quien salta a una piscina.

Con los ventanales abiertos, en lo que, alguna vez, fue el despacho de mi padre.

Ahí mismo.

Manu, sin decir nada, saltaba la baranda del balcón para estamparse contra el suelo once pisos mas abajo.

También soñé con instrumentos arruinados, muchos buenos instrumentos descuidados y rotos, y con personas, probablemente conocidas, llevándose mis viejos instrumentos como la rapiña.

Este episodio lo soñé una o dos veces con ligeras variantes: en un autobús o en una casa.

Manu, sin decir nada, saltaba la baranda del balcón para estamparse contra el suelo once pisos mas abajo. Mientras soñaba, me despertaba para entender qué estaba soñando, llegué incluso a explicarle mi angustia onírica a mi compañera. Para seguir durmiendo y seguir soñando episodios espesos pero desesperantes.

Manu, sin decir nada, saltaba la baranda del balcón para estamparse contra el suelo once pisos mas abajo.

Lo último que soñé, antes de despertar del todo, ocurría en una gran casona, una vieja mansión.  Probablemente seguía oprimido por la sangría de instrumentos viejos y rotos, pero usurpados. Entonces alguien, en un tono formal, me dice que heredé a Sarmiento, el prócer.

Pues bájo la vetusta escalera de madera para escuchar, en teoría, un testamento…

Pero solo veo reflejadas, en ruinoso empapelado de una pared, las caras de buenos humoristas españoles de todos los tiempos …

La última imagen que recuerdo es … probablemente, la del dúo cómico Martes y Trece en una de sus rutinas.

(La versión de este relato onírico puede ser escuchada en la sección audios en la voz de Marta Flich)
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