Foto: Yayoi Kusama
Por Calamaro - Foto: Yayoi Kusama

114 pastillas por segundo

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En lo que tardes en leer esta nota, se habrán consumido 13.680 pastillas.

En 2017 se vendieron 114 pastillas por segundo.

Hablando en números, cerca del veinte por ciento de la población (más de ocho millones de personas) consumen medicinas psíquicas en forma regular para tratar ansiedad, insomnio, nerviosismo y depresión.

En la Argentina.

La patria medicada.

La Patria es el Prozac.

La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre.

Escribí esto poco más de un año antes de que Michel Houellebecq reapareciera con Serotonina y confirmara que no existe la pastilla de la felicidad. 

El protagonista de su novela toma un antidepresivo Captorix para, enre otras cosas, soportar los espantos del mundo. Lo define como un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible.  

Clonazepan y circo

Hablemos en números. En 2012 se vendieron 86 millones de cajas de 30 comprimidos. En 2013 se vendieron 89 millones. En 2014 fueron 99 millones, en 2017 109 millones. Y en 2016 batimos nuestro propio récord con 120 millones de envases.

Con qué adjetivo decoramos estas estadísticas, no lo sé, pero no sería descabellado sumar al cóctel el Viagra y los analgésicos. Ya nombramos más a las medicinas (drogas legales) que a los futbolistas. Ibuprofeno, paracetamol, Prozac, Clonazepam, Lexapro, Rohipnoles.

Hace pocas semanas hicimos una comida con amigos, un buen amigo poeta (no sé si importa el dato) me preguntó por una conocida marca de ansiolíticos ...y le di una caja.

Probablemente alguien se la había olvidado en casa como quien se olvida un par de anteojos ahumados.

No sé si no hay más público para la droga legal que para la televisión.

Qué clase de operación gigante es La Patria Medicada. Mujeres medicadas ...todas o casi todas ... Adolescentes medicados, cuántos.

Tony Soprano lo anticipaba desde una ficción que se parece poderosamente a la realidad. Voy a preguntar a los bandidos si no se clavan una pastilla de vez en cuando.

Cuánto es ocho millones de personas en medidas estándar como “estadios de fútbol llenos” o “plazas de Mayo colmadas”. Ocho millones de personas supera ampliamente el despliegue de soldados aliados en el desembarco de Normandía. Más víctimas que la bomba de Hiroshima y Nagasaki juntas.

Menos que los muertos que mantienen multimillonaria a la industria de la guerra y la “reconstrucción de países”.

Invasión química

Hay que salir y conocer de qué estamos hechos, el alcance de esta invasión química; de esta guerra química.

Drogas que afectan a lo que conocemos como alma ...sueños...plexo. Cuánto consumen los presos, cuánto los policías. Cuánto dinero equivale a 114 pastillas por segundo.

Cuánto es ocho millones de personas en medidas estándar como “estadios de fútbol llenos” o “plazas de Mayo colmadas”. Ocho millones de personas supera ampliamente el despliegue de soldados aliados en el desembarco de Normandía. Más víctimas que la bomba de Hiroshima y Nagasaki juntas.

Qué queda que el dinero no pueda comprar en silencio, complicidad y cinismo.

Hace veinte años que consumo, diariamente, una cantidad variable de medicinas psíquicas. Ya perdí la cuenta de la cantidad y variedad de pastillas que me tragué.

Antidepresivos a la mañana, ansiolíticos en cualquier momento del día, inductores al sueño, calmantes fuertes, y otras para recuperarme de los calmantes fuertes y poder ensayar. Hace cuánto tiempo que no paso un día sin servirme mi dosis recetada de píldoras, no tengo idea.

Pero, ¿qué son realmente? Hay que llamar a las cosas por su nombre, ansiolíticos, antidepresivos, inductores al sueño y analgésicos, son nombres demasiado benditos ...luminosos.

Si realmente pudiéramos combatir la ansiedad, la depresión y el dolor (sin demasiado costo y consecuencias) entonces deberían ser drogas obligatorias.

Dejaríamos de fumar, de comer compulsivos, compraríamos más tiempo y menos cansancio, estaríamos siempre con ganas de hacer cosas, seríamos un pueblo poderoso y estabilizado.

Casi lo mismo que usando sustancias prohibidas como el crystal Meth, los derivados del opio, la anfetamina, la merca , la morfina. Mientras tanto y alegremente, consumimos drogas de nombres que no nos dicen nada: Mirtazapina, Escitaplopram, etcétera.

El barco de Keith Richards se llama Mandrax.

Millones de argentinos, y ciudadanos del resto del mundo, deberían llamar a sus perros: Prozac y Rivo.

A partir de lo cual (lo de los perros) nos pondríamos a hablar en serio sobre esta realidad psíquica que la propia medicina nos recomienda. Después, lógicamente, seguiríamos tragando un creciente número de pastillas para vivir.

Para no soñar, como canta Joaquín Sabina.

Foto: Yayoi Kusama